martes, 26 de agosto de 2008

sus ideas y su ejemplo perduraran por siempre


Amílcar continuó sus esfuerzos por la liberación del colonialismo mediante la lucha armada. Su empeño fue tal que se convirtió en un obstáculo insalvable para la política colonial. Los principios que defendía también afectaban los intereses imperialistas. Por eso decidieron eliminarlo. El 1ro de enero de 1973, cuando ya la victoria era irreversible, fue asesinado por militantes traidores reclutados por los portugueses, los cuales pagaron ante la justicia revolucionaria su crimen.
Ulises Estrada Lescaille
Mestizo, delgado, de mediana estatura, con espejuelos de armadura oscura, de andar erecto y rostro iluminado por una sonrisa. Fue uno de los más preclaros líderes fundadores de la nacionalidad africana. Aunque no era comunista, tenía vastos conocimientos del marxismo–leninismo. Leyó a los grandes filósofos de la humanidad.
Dirigente político y militar, abrazó la guerra de guerrillas como vía fundamental para liberar a su pueblo del colonialismo portugués. No se concentró en el combate anticolonial en Guinea Bissau, sino que lo extendió también a Cabo Verde, isla poblada fundamentalmente por mestizos con un alto nivel cultural y económico. Esta operación se frustró por razones de seguridad, y Pedro Pírez, jefe del grupo caboverdiano se incorporó con su comando al combate en Guinea Bissau.
Fue solidario, además, con las batallas que se libraban en las restantes colonias portuguesas. Artífice de la unidad interna, se enfrentó a las tendencias tribales, religiosas y regionales que dividían a su país. A todos los llevó a combatir juntos por la independencia, sentando las primeras bases del sentimiento nacional.
Amílcar Cabral, nacido el 12 de septiembre de 1924, en Bafatá, Guinea Bissau, marchó con su familia a Cabo Verde a los ocho años de edad, donde cursó la enseñanza media en la escuela San Vicente. En 1945 viajó a Lisboa para estudiar en el Instituto Superior de Agronomía, con excelentes resultados docentes. En 1950 se graduó de ingeniero y regresó a Bissau a trabajar en su profesión por cuenta del gobierno portugués.
En Lisboa, junto a otros estudiantes de las colonias portuguesas, dedicó sus esfuerzos a la búsqueda de las raíces africanas y revitalizó, con ese objetivo, la Casa de África, a la vez que fundaba el Centro de Estudios Africanos. Luego de trabajar en la Estación Agrónoma de Lisboa, regresó a Guinea Bissau y recorrió el país. A su paso, conoce de cerca la explotación colonial de que eran víctimas los campesinos y el pueblo guineano en general. Por sus ideas políticas en 1955 es expulsado de Bissau y se incorpora a la organización y lucha del movimiento independentista en Angola. Posteriormente organiza el Partido Africano para la Independencia(PAI), que luego adopta el nombre de Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC).
Amílcar no cesa en su batallar y a través del PAIGC inicia la guerra de guerrillas en Guinea Bissau el 23 de enero de 1962; ya en 1965 combatían en los frentes norte, sur y este del país. Mantuvo siempre, con toda claridad, la ideología revolucionaria, antimperialista, anticolonialista, contra el apartheid y todas las formas de racismo y discriminación que, derivadas de este, existían en aquellos momentos en el continente africano, al sur del Sahara.
Es a finales de 1964 que conoce al comandante Ernesto Che Guevara en la República de Guinea (Conakry), a quien explica en detalle la causa que defiende, y solicita el apoyo directo de Cuba con respecto a instructores militares, uniformes, medicinas e instrumentos agrícolas para cosechar la tierra en las zonas liberadas.
En enero de 1966 participa como fundador de la I Conferencia Tricontinental, en La Habana. Su discurso fue una clara exposición de la situación política, económica y social existente en el continente africano y la lucha que libraban los pueblos en las colonias portuguesas. Allí se reúne con el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien de inmediato se solidariza con sus pronunciamientos y acción y lo invita, en compañía de Oscar Oramas, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores que servía de traductor, a recorrer las montañas del Escambray, uno de los escenarios de la lucha contra la dictadura batistiana, a la vez que le traslada las experiencias vividas en los combates en las montañas, ciudades y llanos, y la resistencia del pueblo cubano a las agresiones diversas del imperialismo estadounidense.
Cubanos en Guinea
Oramas fue designado posteriormente embajador de Cuba en la República de Guinea con la tarea principal de atender las relaciones con el PAIGC, mientras que a mí, como oficial de la Inteligencia cubana vinculado al apoyo a movimientos de liberación nacional, el comandante Manuel Piñeiro me asignó la misión de llevar en abril de 1966, en la motonave cubana Uvero, la ayuda solicitada por Amílcar y otras prometidas por el Che a diferentes movimientos de liberación nacional. Paralelamente se unen al PAIGC los primeros tres médicos y asesores militares cubanos, quienes participan en el primer combate contra el ejército portugués el primero de mayo de ese año.
Una vez concluida la misión en el Uvero, en noviembre de 1966, a pesar de la preocupación de Amílcar –que no se encontraba en el país–, por temor a la muerte o captura de uno de nosotros en los frentes de batalla, me uno a las guerrillas comandadas por Domingo Ramos, comisario político del PAIGC, en la primera operación militar de envergadura en la que participan los instructores militares cubanos, bajo el principio de convertir el combate en una escuela.
Así, en el Frente Este, atacamos el cuartel de Madina Boé, una fortaleza muy bien protegida por los tugas (portugueses) con el apoyo de miembros de la tribu fula, que eran los que estaban en la superficie, ya que los soldados estaban en trincheras bien cubiertas o bajo tierra.
Me encontraba al lado de Domingo, quien con la mitad de su cuerpo cubría el mío para protegerme, cosa que no pude evitar, y abrimos fuego con un cañón B-10 desde una pequeña elevación situada a unos 600 metros del cuartel. Los portugueses tenían colimada la zona y respondieron con certeros disparos de mortero, mientras nosotros continuamos haciendo fuego con el cañón sin retroceso, ametralladoras y fusiles.
Un rato después de iniciado el combate, sentí que corría por el lado derecho de mi espalda un líquido caliente y pensé que estaba herido por uno de los morterazos que caían a nuestro alrededor. Era Domingo, sangraba copiosamente. Tomé su cuerpo en unión de otro compañero y lo condujimos al puesto médico, situado a unos cien metros de la zona de combate. El médico cubano me informó que había fallecido. No podíamos dejar el cadáver del dirigente guineano en manos portuguesas. Tomamos su cuerpo y en un camión nos trasladamos a través de sembrados de arroz hacia la frontera con Conakry. Llegamos a Boké, donde se encontraba el puesto de mando fronterizo y entregamos su cadáver al compañero Arístides Pereira, para que pudieran darle sepultura y rendirle los honores que merecía este luchador, que fue uno de los primeros altos jefes del PAIGC en caer en combate.
Los cubanos continuaron combatiendo junto al PAIGC en numerosas acciones militares. Nueve de ellos entregaron allí su sangre generosa: Raúl Pérez Abad, Raúl Mestres Infante, Miguel A. Zerquera Palacio, Pedro Casimiro LLopins, Radamés Sánchez Bejerano, Eduardo Solís Renté, Felipe Barriendo Laporte, Radamés Despaigne Robert y Edilberto González.
Las zonas liberadas crecían por día. Amílcar continuó sus esfuerzos por la liberación del colonialismo mediante la lucha armada. Su empeño fue tal que se convirtió en un obstáculo insalvable para la política colonial. Los principios que defendía también afectaban los intereses imperialistas. Por eso decidieron eliminarlo. El 1ro de enero de 1973, cuando ya la victoria era irreversible, fue asesinado por militantes traidores reclutados por los portugueses, los cuales pagaron ante la justicia revolucionaria su crimen.
Nueve meses después, Guinea Bissau obtenía su independencia nacional. Aquel hombre que había sabido llevar a su pueblo a la guerra liberadora, en un país empobrecido, de menos de un millón de habitantes, dividido en unos 20 grupos tribales, ofrendó su vida a cambio de un futuro mejor e independencia para sus hermanos. Sus ideas han quedado grabadas para siempre en aquellos que se mantienen leales a su pensamiento, a su valeroso ejemplo y se proponen hoy construir una Guinea unida, enfrentarse a la pobreza y alcanzar un escalón más alto en la vida de sus hombres y mujeres.

el chavez negro de africa


Nuestra victoria será… la de todas las masas revolucionarias, oprimidas y explotadas del mundo quienes están retando la estructura reaccionaria y contrarrevolucionaria del poder capitalista, imperialista y neocolonial.
Kwame Nkrumah (1909-1972)

En “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”, Carlos Marx escribe: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se le olvidó agregar: una vez como tragedia, y la otra como farsa” . Sin embargo, cuando se refiere a dos personajes extraordinarios de la historia del ‘Sur universal’ o Tercer Mundo como lo son el ex-presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, uno de los principales fundadores del Panafricanismo y del Socialismo Africano, y el presidente actual de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, promotor original del Socialismo Bolivariano, tendríamos que modificar la observación de Marx y decir: una vez como libertador, y la otra como emancipador.
Kwame Nkrumah fue al lado de Patrice Lumumba, Amílcar Cabral, Samora Machel, Jomo Kenyatta, Julius Nyerere, Kenneth Kaunda, Robert Mugabe, Agostinho Neto y muchos otros, uno de los más destacados líderes y revolucionarios africanos de la época de la descolonización. Nació el 21 de Septiembre de 1909 en el pueblo de Nkroful en el sudoeste de la colonia británica Costa de Oro, posteriormente llamado Ghana a partir de su independencia en 1957. Nkrumah provino de una modesta familia tradicional y fue educado en una escuela de misionarios católicos. En 1935 con la ayuda económica de un familiar se fue a EE.UU. y estudió en la Lincoln University, la universidad más antigua para personas de color en EE.UU., donde se graduó en economía y teología. Posteriormente obtuvo su magister en pedagogía y filosofía. Después de la Segunda Guerra Mundial se mudó a Londres donde estudió por dos años en la London School of Economics and Political Science.
En 1945 participó bajo la dirección de W.E.B. Du Bois en la organización del Quinto Congreso Pan-Africano en Manchester. En 1947 regresó a Costa de Oro y en 1949 fundó la Convención Partido del Pueblo (CPP). En 1950, en el marco de las protestas sociales y políticas que sacudieron el país y en las que estuvo involucrado, Nkrumah fue llevado preso. Las elecciones de 1951 las ganó su partido político, el CPP y Nkrumah fue liberado para formar parte del gobierno, que posteriormente llevó a Costa de Oro a la independencia en 1957 con el nuevo nombre de Ghana. Igual que Hugo Chávez, Nkrumah fue encarcelado por defender la causa de los oprimidos que en aquella época era la de las masas coloniales subyugadas y empobrecidas, y luego fue llevado al poder como resultado de un proceso electoral democrático.
Por su oposición contundente al colonialismo, neocolonialismo e imperialismo y por sus convicciones socialistas el gobierno de Nkrumah, durante un viaje de este a China en 1966, sufrió un golpe de Estado organizado por el servicio secreto británico y apoyado por sus sanguinarios aliados globales. Nkrumah ya había experimentado las mismas campañas de difamación odiosas que en estos últimos años hemos visto en contra del gobierno y de la persona del presidente Hugo Chávez en Venezuela. A Nkrumah se le imputó haber arruinado la economía del país, haberse erigido como ‘dictador socialista’ y haberse enriquecido con los fondos del estado, acusaciones refutadas posteriormente por el en su escrito The Big Lie (La gran mentira) del año 1969. Nkrumah pasó el resto de su vida en el exilio en Guinea albergado por su amigo político, el presidente Sekou Touré, y continuó escribiendo sus libros en la capital, Conakry. El 27 de abril de 1972 durante un tratamiento médico contra el cáncer, murió en Bucarest, Rumania. Sin embargo, hasta el día de hoy su sueño diurno revolucionario de unos “Estados Unidos de África” liberados y socialistas sigue vivo.
En su lucha por la independencia de Ghana, por consolidar el poder político y por sembrar los fundamentos de una Ghana socialista, sin perder jamás la perspectiva panafricanista, Nkrumah dejó por escrito sus pensamientos claves, producto de sus experiencias, en numerosas obras como: Towards Colonial Freedom (Hacia la Libertad Colonial, 1945); African Socialism Revisited (Socialismo Africano revisado, 1957); I speak of Freedom (Hablo de Libertad, 1958), Africa Must Unite (África tiene que unirse, 1963); Consciencism: Philosophy of the African Revolution (El Consciencismo: Filosofía de la Revolución Africana, 1964); Neo-Colonialism, the Last Stage of Imperialism (El Neocolonialismo, Última Fase del Imperialismo, 1965); Handbook for Revolutionary Warfare (Manual para la Guerra Revolucionaria, 1968); Class Struggle in Africa (Lucha de Clases en África, 1970); Revolutionary Path (Sendero Revolucionario, 1973).
Hay cuatro aspectos claves de la teoría revolucionaria científica de Nkrumah que son de sumo interés para nuestra propia experiencia en el marco de la Revolución Bolivariana y de la construcción del socialismo del siglo XXI. Estos son:
1. La identificación de la esencia del neocolonialismo e imperialismo
2. la consolidación del poder popular
3. la reconstrucción económica rumbo a una economía socialista
4. la determinación de la esencia y del funcionamiento del partido revolucionario.
En cuanto a la dimensión internacionalista hay que destacar que en sus esfuerzos por romper las cadenas del neocolonialismo e imperialismo, Nkrumah siempre mantuvo una perspectiva panafricanista. De una manera comparable, en su lucha contra el neoliberalismo e imperialismo de nuestros tiempos, el presidente Chávez siempre ha mantenido un enfoque de unión e integración latinoamericana. Forzado sin embargo por las circunstancias de la realidad colonial africana, Nkrumah tuvo que empezar su lucha a escala limitada a ‘un sólo país’, para posteriormente enfocar la lucha que abarcaría a África toda. De igual forma y obligado por la realidad neoliberal latinoamericana, Chávez tuvo que primero restringir su proyecto de transformación social al marco venezolano antes de poder empezar a construir alianzas con otros países latinoamericanos y caribeños.
En lo concerniente a la identificación de la esencia del neocolonialismo e imperialismo, Nkrumah observa: La esencia del neocolonialismo es que el estado al que subyuga, es, en teoría, independiente y tiene todos los adornos de una aparente soberanía internacional. En realidad su sistema económico y por ende sus políticas son dirigidas desde afuera. […] El neocolonialismo es, al mismo tiempo, la forma más aguda del imperialismo. Para aquellos que lo practican, significa poder sin responsabilidad alguna y para aquellos que lo sufren, significa explotación sin misericordia (Nkrumah, 1974: ix-xi, nt-nuestra traducción). Salta a la vista, que esta esencia sigue vigente en las estructuras de poder y coerción hoy reinante en los niveles económico, financiero, político y militar del capitalismo globalizado. El gobierno del presidente Chávez ha librado una batalla sin precedentes por salir de las garras del neoliberalismo e imperialismo y construir al mismo tiempo una auténtica Alternativa Bolivariana para América Latina para terminar con la explotación sin misericordia de los pueblos latinoamericanos.
En su libro Towards Colonial Freedom (Hacia la libertad colonial) Nkrumah trata el tema de la organización de las masas coloniales, condición sine qua non para que tenga vida y éxito la lucha por la liberación nacional. Tiene que ser una organización con raíces en el movimiento de los trabajadores, los campesinos y la juventud. Para tal fin según Nkrumah, hay que combatir el analfabetismo político mediante la educación política o conscientización de las masas. Los objetivos del movimiento de liberación nacional son liberarse del régimen colonial, instaurar el poder político del pueblo y construir el socialismo. Las tres etapas entrelazadas para alcanzar estos objetivos son: La conquista del poder político, la transferencia del poder político al pueblo y la reconstrucción total de la sociedad mediante la eliminación de la opresión y explotación, lo que quiere decir la abolición del capitalismo mismo. Conste en este contexto que de una manera similar durante los años pasados la Revolución Bolivariana ha llevado a cabo pasos firmes para recuperar su plena soberanía nacional, instaurar una democracia participativa y encaminarse hacia un nuevo socialismo del siglo XXI.
En cuanto a la consolidación del poder popular, en su libro Africa must Unite (África tiene que unirse), Nkrumah advierte que : En la medida en que la lucha nacional se intensifica en los territorios coloniales y la independencia aparece en el horizonte, los poderes imperialistas, pescando en las aguas revueltas del comunalismo, tribalismo e intereses sectarios, se empeñan en crear fisiones en el frente nacional, con fines de alcanzar su fragmentación. (Spark, 1970: 33 nt) Nkrumah observa que las fuerzas imperialistas siempre buscan aliarse con el ala más moderado dentro del movimiento de liberación para mantener a raya al ala extremo, dividir el movimiento y asegurar así la continuidad neocolonial. Y es por eso, que según Nkrumah la estructura, la composición, el liderazgo, las fuerzas motrices y el contenido ideológico del movimiento de liberación son decisivos si se quiere evitar la infiltración de las fuerzas contrarias. En todo esto, no se cansa en reiterar la importancia de la participación activa de las masas en cada instante del proceso y del apoyo del pueblo en cada nuevo paso. El poder popular sólo se consolida orientándose en los objetivos siguientes: La supremacía del pueblo, la unidad y estabilidad nacional, la transformación de las instituciones tradicionales del estado para servir a los intereses verdaderamente nacionales y con ello al pueblo. A tal efecto, Nkrumah sugiere una nueva constitución del pueblo que tiene que ser aprobado por todo el pueblo mediante referéndum nacional. Aquí y en lo concerniente a la importancia del pueblo como protagonista de los procesos revolucionarios saltan a la vista las múltiples coincidencias con el proceso venezolano.
En cuanto a la reconstrucción económica rumbo a una economía socialista, Nkrumah sostiene que no basta con adquirir la independencia política, sino que hay que alcanzar la reorganización radical de la economía nacional encaminándola hacia el socialismo. Señala que el socialismo es la única alternativa viable ya que seguir el camino del desarrollo capitalista es dejar el control de la economía nacional en manos del capital privado foráneo. Según Nkrumah, un proceso de recuperación económica sólo se puede iniciar mediante la mejora sustancial de la educación y de la salud del pueblo, que es el pilar central del crecimiento económico. El estado tiene que jugar el papel primordial en la economía para estimularla y mantenerla en marcha. Igualmente importante son una planificación económica que incluya a toda la geografía nacional, la instauración de una economía mixta, una revolución agraria, un estándar mínimo de vida digna para todos, la participación activa del pueblo bajo formas de organización propias en el proceso de planificación económica, el pleno control del estado sobre las inversiones extranjeras, el cambio de viejas actitudes contrarias a los principios socialistas, la rotación constante de los funcionarios dentro de la administración para evitar la corrupción y el clientelismo, y la prevención del auge de una nueva clase privilegiada. Aquí también son evidentes las coincidencias con la Revolución Bolivariana, con sus fortalezas y debilidades.
Finalmente y en cuanto a la naturaleza y el funcionamiento del partido revolucionario, Nkrumah destaca que la esencia del partido consiste en ser expresión o forma organizacional de la iniciativa revolucionaria de las masas. El eje central del partido según Nkrumah es el hombre común y corriente. El partido revolucionario convive precisamente con el hombre común, conoce y discute sus problemas, comparte sus aspiraciones y lo ayuda a organizarse para luchar por su propia liberación. Según este concepto de partido, la membresía tiene que ser abierta a todo el pueblo. Además, el partido tiene que tener un programa claro y una ideología bien definida para evitar que gire en torno a una persona y crea un culto a la personalidad. El objetivo principal del programa de partido tiene que ser el autogobierno del pueblo despejando así el camino hacia la plena independencia y la sociedad socialista. En este punto del partido revolucionario podemos y debemos todavía aprender mucho del concepto de Nkrumah y deberíamos debatirlo en el marco de la conformación del Partido Socialista Unido de Venezuela.
La independencia real, el socialismo soñado por Kwame Nkrumah - el Chávez negro de África - y muchos de sus compañeros de lucha en todo el continente africano como también en América Latina y en Asia, no se ha podido materializar por ahora. ¡Volvemos a la carga pues, con las experiencias del pasado y la creatividad del futuro que reside en los pueblos del mundo!
Bibliografía

el progresita del congo


Fecha de Nacimiento : 2 de julio de 1925
Lugar de nacimiento : Onalua, provincia de Kasai, Congo belga, actual República Democrática del Congo
Siendo trabajador de Correos, comienza a organizar un sindicato de trabajadores y es detenido y encarcelado por las autoridades belgas, en 1955 Tras su salida de la carcel, dos años más tarde, entra en relación con grupos del movimiento independentista En 1958 junto a otros compañeros funda el Movimiento Nacional Congoleño, primer partido político de ambito nacional, convirtiéndose rápidamente en el principal líder político del pais. No tarda en ser nuevamente encarcelado pero , gracias a la movilización popular, es liberado en 1960. Viaja a Bélgica para negociar la declaración de independencia Durante esa estancia, se celebran elecciones en las que sale elegido con el mayor númro de votos de los participantes El 23 de junio se forma el primer gobierno nacional con Joseph Kasavubu como Presidente y Lumumba como Primer Ministro, que proclamaría la independencia días despuçes, el 1 de julio
Los empresarios belgas, viendo peligrar su futuro en el nuevo pais, promueven a través de los jefes militares belgas la rebelión de algunas unidades del ejército. y en la confusión, la provincia de Katanga, región donde se encuentran las principales reservas mineras, se declara en República independiente, bajo la dirección de Moise Thombe Con la excusa de proteger a la población belga, Bélgica envia tropas a Katanga, intentando con sus armas sostener el gobierno secesionista.
Ante esta situación, el gobierno de Kinshasa recurrió a los Naciones Unidas para expulsar a los belgas y ayudar a restaurar el orden. Las tropas belgas se negaron a evacuar, y continuaron apoyando la secesión de Katanga. Ante la negativa de la ONU a intervenir para acabar con la secesión katangueña, Lumumba solicitó ayuda a la Unión Soviética. En agosto, reune a los principales líderes africanos en Kinshasa, y les pide que una sus fuerzas al gobierno del Congo . Estos movimientos en busca de apoyo y la ideología marxista de Lumumba, alarmaron a los poderes Occidentales y presionaron al Presidente Joseph Kasavubu para que acabara con él, cosa que hizo el 5 de septiembre, destituyéndole del gobierno.
El 14 de septiembrede 1960, el Coronel Joseph Mobutu, Jefe del ejército, se hace provisionalmente con el control político. El 2 de diciembre, Lumumba, temiendo por su seguridad, a pesar de que la ONU le proporcionaba protección, intenta llegar por avión a Kisangani donde cuenta con mayores apoyos, pero es detenido por el ejército. Lo sucedido desde entonces, desde su detención hasta su muerte, el 17 de enero de 1961, está lleno de lagunas. La versión oficial cuenta que, estando encEl 30 de julio de 1960 fue un día lleno de esperanza para millones de personas en la lucha mundial contra el colonialismo. Los imperialistas belgas, que llevaban décadas explotando al pueblo del "Congo Belga", finalmente le dieron la independencia. En un territorio enorme y rico en recursos naturales nació la República del Congo; uno de sus líderes era Patricio Lumumba, joven y apasionado enemigo del colonialismo.
El rey belga, Balduino I, fue a Leopoldville a proclamar la independencia personalmente. Esperaba que los colonos y sus súbditos se felicitaran y forjaran una nueva relación con pocos cambios genuinos. Pero Lumumba, el nuevo primer ministro, agarró el micrófono y le habló al pueblo congoleño sobre la terrible vida colonial y las nuevas esperanzas para el futuro. El discurso escandalizó al nuevo gobierno de coalición y dejó horrorizado al rey.

Lumumba dijo:
"Durante los 80 años del gobierno colonial sufrimos tanto que todavía no podemos alejar las heridas de la memoria. Nos han obligado a trabajar como esclavos por salarios que ni siquiera nos permiten comer lo suficiente para ahuyentar el hambre, o vestirnos, o encontrar vivienda, o criar a nuestros hijos como los seres queridos que son. Hemos sufrido ironías, insultos y golpes día tras día nada más porque somos negros... Las leyes de un sistema judicial que solo reconoce la ley del más fuerte nos han arrebatado las tierras. No hay igualdad; las leyes son blandos con los blancos pero crueles con los negros. Los condenados por opiniones políticas o creencias religiosas han sufrido horriblemente; exilados en su propio país, la vida ha sido peor que la muerte. En las ciudades los blancos han tenido magníficas casas y los negros destartaladas casuchas; a los negros no nos han permitido entrar al cine, los restaurantes o las tiendas para europeos; hemos tenido que viajar en las bodegas de carga o a los pies de los blancos sentados en cabinas de lujo. ?Quién podrá olvidar las masacres de tantos de nuestros hermanos, o las celdas en que han metido a los que no se someten a la opresión y explotación? Hermanos, así ha sido nuestra vida.
"Pero nosotros, los que vamos a dirigir nuestro querido país como representantes elegidos, que hemos sufrido en cuerpo y alma la opresión colonial, declaramos en voz alta que todo esto ha terminado ya. Se ha proclamado la República del Congo y nuestro país está en manos de sus propios hijos".

Las palabras sobre el pasado dieron en el blanco, pero las palabras sobre el futuro se equivocaron.
En realidad, el país no estaba en manos de "sus propios hijos". A pesar de la declaración formal de independencia, los militares belgas todavía controlaban el ejército y la policía; las corporaciones todavía controlaban los recursos naturales y un aparato de politiqueros corruptos; y la CIA, el servicio de inteligencia belga y de otras potencias trabajaban día y noche para mantener en el poder a los congoleños leales al imperialismo.arcelado en Katanga, a mediados de febrero intentó huir siendo mortalmente herido. Otras versiones cuentan que su arresto y posterior asesinato fue ejecutado por congoleños, obedeciéndo las órdenes de sercicios de inteligencia occidentales (belgas y EEUU).

la luz de la china comunista


Mao Tse-tung, revolucionario, teórico y estadista, fue durante décadas el líder indiscutible del comunismo chino. Su papel fue crucial en la creación y primer desarrollo de la República Popular China
Su Juventud:

Mao Tse-tung era hijo de un campesino relativamente próspero de Shao Sahn, provincia de Hunan. Obligado por su padre a abandonar los estudios para trabajar en la granja familiar, el joven Mao escapó de su casa, yen 1911 ingresó en la escuela secundaria de Changsha, donde entró en contacto con la cultura occidental y con las ideas del nacionalista Sun Yat-sen. Ese mismo año estalló la revolución de Wuhan, que acabaría sustituyendo a la dinastía Manchú por un régimen republicano.
El joven Mao se enroló en el ejército revolucionario durante seis meses, en los que se forjaría su admiración por los líderes militares y su nacionalismo. Vuelto a la escuela de Changsha, completó sus estudios mientras colaboraba con la revista Nueva Juventud (1915), dirigida por Chen Duxiu, que criticaba el lastre que las viejas tradiciones chinas suponían para el desarrollo del país. También por esa época Mao comenzó sus actividades políticas fundando varias asociaciones estudiantiles, como la Sociedad de Estudios del Nuevo Pueblo.
En 1918 obtuvo el puesto de bibliotecario en la Universidad de Pekín, donde recibió la influencia de Chen Duxiu y de Li Dazhao —introductor de los estudios sobre el marxismo— y profundizó en sus lecturas revolucionarias. Mientras pasaba una temporada en Changsa, estalló el movimiento revolucionario del 4 de mayo (1919), opuesto a la imposición de mandatos japoneses en China por el tratado de Versalles. A lo largo de estas protestas los radicales chinos derivaron hacia el marxismo-leninismo y el abandono de la cultura tradicional china; aparecía una nueva generación en la escena política. Mao organizó actividades revolucionarias en Changsa y fundó la rama local de la Liga de Jóvenes Socialistas (1920).
El PCC y el Kuomintang
En 1921 se convirtió en uno de los miembros fundadores del Partido Comunista Chino (PCC). Poco después se produjo la alianza con el Kuomintang de Sun Yat-sen (1923), con el objetivo común de «derrocar al imperialismo». Mao pasó a ser miembro de la directiva del partido. Convencido del potencial revolucionario de la población campesina, en la Encuesta sobre el movimiento campesino en el Hunan (1927) reflejó su convicción de que el mundo rural podía ser ¡a fuente del resurgimiento chino.
La muerte de Sun Yat-sen (1925) propició la ascensión en el Kuomintang del general Chiang Kaishek, que unificó a las fuerzas conservadoras del partido y alejó del poder a los izquierdistas. A pesar de ello, tanto los comunistas chinos como la URSS continuaron colaborando con el Kuomintang, en la esperanza de alcanzar juntos los fines revolucionarios. En 1926 Jiang emprendió una gran expedición hacia el norte para someter a los <La Larga Marcha y la guerra chino-japonesa
La masiva campaña militar emprendida por Chiang (1934) desalojó a los comunistas de Jiangxi. 100.000 militantes emprendieron junto a Mao una Larga Marcha de 10.000 km hasta encontrar un nuevo refugio en Yan’an, al noroeste (1935). Durante su transcurso, Mao se hizo por fin con las riendas del PCC y consiguió restaurar la moral y el espíritu combativo de los 10.000 soldados que llegaron al final del viaje.
Ante la invasión japonesa, que desde 1937 pretendía controlar toda China, el PCC y el Kuomintang unieron sus fuerzas contra el enemigo común. Durante la guerra chino-japonesa (1937-1945) los comunistas lideraron la lucha contra el invasor, aumentando su popularidad, completada con reformas agrarias favorables al campesinado. Al mismo tiempo aumentaron sus efectivos militares. En esos años Mao escribió varias obras: Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria en China (1936), Sobre la práctica, Sobre la contradicción (1937), Sobre la guerra prolongada y La nueva democracia (1938). Por esa misma época comenzó un proceso de «sinización» del marxismo, que buscaba su adaptación a la realidad china frente a las tesis dictadas en Moscú. Su campaña de rectificación (1942-1943) le sirvió para educar a los nuevos militantes comunistas y para restar influencia a los líderes pro soviéticos, reforzando su poder personal sobre el partido, del que se convirtió en presidente en 1943.
La guerra civil y el nacimiento de la República Popular
Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial y su retirada de China, el PCC y el Kuomintang reiniciaron la guerra civil (1945-49). A pesar de la superioridad d sus fuerzas y del apoyo estadounidense, el Kuomintang fue perdiendo terreno ante los comunistas, que, incluso sin el apoyo soviético, contaban con una superior organización, el apoyo de millones de campesinos y la buena disposición de la población de los territorios que controlaban. La brutalidad, el despotismo, la corrupción y los errores militares del régimen nacionalista fueron sus peores enemigos; tras sucesiva derrotas, en 1949 sus líderes abandonaron el continente, estableciendo un nuevo Estado en la isla de Formosa (Taiwán). El 1 de octubre Mao proclamó en Pekín la Re pública Popular China y se convirtió en el jefe del gobierno. Ese mismo año había publicado De la dictadura democrática popular, donde establecía las bases del gobierno popular y preveía ¡a eliminación de los «enemigos del pueblo». La represión de los elementos contrarrevolucionarios se llevó a cabo masivamente en 1951. Al mismo tiempo se emprendió la ingente tarea de la reconstrucción económica y la modernización del país, adoptando para ello el modelo soviético de planes quinquenales (1953).
De las Cien Flores a la Revolución Cultural
Presidente de la República desde 1954, al año siguiente Mao anunció el abandono del modelo soviético de desarrollo, convencido de que la colectivización agraria debería extenderse por todo el país para mejorar las condiciones de vida de la población y lograr una transformación social. Para Mao la movilización social era el requisito necesario para el progreso técnico, y no al revés. Se apoyó en los cuadros provinciales y locales para vencer las resistencias en el seno del comité central del partido. Con la campaña de las Cien Flores (1956-57) intentaba atraerse a los intelectuales y a las clases no revolucionarias, permitiendo la libre expresión de sus ideas. Pero cuando la libertad de expresión se tradujo en críticas al poder del partido y su dirigente, Mao suspendió rápidamente el experimento. Su siguiente campaña, el Gran Salto Adelante (1957-58), pretendía multiplicar la producción agrícola e industrial, mediante vastos proyectos de colectivización.
Pero los problemas técnicos y de planificación y la retirada de las ayudas soviéticas provocaron una grave crisis económica. Mao renunció a la presidencia de la República (1958), pero seguía al frente del partido. Ante la creciente oposición en el seno de dicha organización, Mao comenzó a apoyarse en el ejército y en su jefe Lin Piao (1960). En 1963 se produjo la ruptura con la URSS; la nueva situación de distensión Este-Oeste y la insistencia soviética en que China redujera su agresividad regional convencieron a Mao de que la URSS habla traicionado los principios de la revolución, y de que China debía asumir el liderazgo comunista, especialmente en el Tercer Mundo.
La necesidad de superar los desastrosos efectos del Gran Salto Adelante obligó a Mao a tolerar los planes de recuperación económica apoyados por Liu Shaoqi (nuevo presidente de la China) y Deng Xiaoping, abandonando su sueño colectivista. Sin embargo, a partir de 1962 intentó oponerse al «desviacionismo capitalista» de las nuevas políticas. Por ello desarrolló un Movimiento de Educación Socialista, con escaso éxito. La ruptura entre Mao y sus críticos, encabezados Liu Shaoqi y Peng Zhen, estalló en 1965. Desde Shangai, Mao preparó un proceso de depuración ideológica, conocido como la Revolución Cultural Proletaria.
Pretendía devolver la voz y el poder al pueblo, frente a las burocracias del partido. Decenas de miles de Guardias Rojos, jóvenes aleccionados con la lectura del Libro rol (colección de citas de Mao publicada por primera vez en 1964) destruyeron todo indicio de burocratización y aburguesamiento en el partido y el Estado. Este proceso sirvió también para eliminar, incluso físicamente, a todos los elementos críticos y a los que se oponían a la idea de revolución constante de Mao, o simplemente a su creciente poder personal.
El reflujo:

Pero el cuestionamiento de toda autoridad implicaba el riesgo de anarquía, y a partir de 1969 Mao se apoyó cada vez más en el ejército frente a los comités revolucionarias populares. El IX Congreso del PCCh (abril) restableció en sus cargos a muchos de los antiguos dirigentes, aunque tendrían que compartir el poder con las nuevas fuerzas emergidas de la Revolución Cultural. El nuevo primer ministro Chou E: nlai fue el encargado de diseñar una fórmula de compromiso entre el partido, los comités revolucionarios y el ejército, que se rompería a favor del primero en 1971.
Durante esos años también se produjo una apertura al exterior, la RPCh ingresó en la ONU (1971) y Mao se entrevistó con diversos mandatarios de potencias capitalistas. Sus últimos años estuvieron presididos por la lucha en torno a su sucesión. Tras la muerte de Lin Piao (1971) y Chou Enlai (1976), el grupo pragmático encabezado por Deng Xiaoping logró desbancar a los radicales de la Banda de los Cuatro. A pesar de la campaña de «desmaoización» tras la muerte del histórico dirigente (9 de septiembre de 1976), éste permanece como símbolo de la nueva China.

elque ilumina ho chi minh


Primero hablaré del Partido: gracias a su estrecha unidad y su total consagración a la clase obrera, al pueblo y a la patria, nuestro Partido ha podido, desde su fundación, unir, organizar y dirigir a nuestro pueblo en una ardiente lucha, y llevarlo de victoria en victoria.
Al final del largo viaje Ho Chi Minh suave y despierto sobre El nombre de Ho Chi Minh significaba "el que ilumina". Otras veces se llamó Nguyen Ai Quoc, "el Patriota". Este personaje que se acaba de extinguir en el Palacio de los Gobernadores de Hanoi - pero sólo quiso ocupar un pabellón de servicio- utilizó en su vida quizá más de cien nombres diferentes que se superponían al suyo propio de Nguyen Tat Than, hijo de un médico herborista de Nghe An ( un proverbio indochino dice: "Quién nace en Nghe An, estará siempre en la oposición), para cubrir la larga estela romántica de un revolucionario, de un hombre que cubrió entero el ciclo de la revolución, desde los tiempos palpitantes de la Internacional Socialista hasta la lucha del Vietnam que dirigió. Todavía ahora le gustaba a veces imitar el paso ligero y saltarín de un campesino de las montañas o el gesto servil de un camarero indochino en un restaurante de París. Era el último superviviente de los grandes revolucionarios que han agitado el mundo moderno; la larga aventura de su país le había salvado de todos los peligros de la burocratización, de la esclerosis, de la "manía de oficina" que fue anquilosando a sus compañeros de los viejos tiempos. Aún Ho Chi Mihn se levantaba todos los días a las cuatro de la madrugada, hacia una serie de movimientos gimnásticos y comenzaba a recibir visitas en el jardín del Palacio, ante una cafetera m en la que él mismo colaba el café, frente a unas cajetillas de tabaco americano; la nicotina amarilleaba su barbita de chivo, que en los días de viento o en el movimiento de las arengas se agitaba como una bandera blanca. Decían que este afán de aire libre, esta necesidad de movimientos, era todavía una especie de compensación a los largos años de celda. En las cárceles de Chiang Kai Chek, los prisioneros fingían pelearse por las noches para que los guardianes los llevasen a las celdas de castigo: eran los únicos sitios donde se podía dormir tumbado, sin necesidad de recostarse en un compañero, que muchas veces, por la mañana, aparecía muerto de extenuación, de hambre, de opio…

LA COLA DE LA SERPIENTE

En 1912. Ho Chi Minh - entonces, todavía, Nguyen Tat Than - emigró de su país como mozo, en un paquebote francés. Fue un largo viaje de dos años. De puerto en puerto. Esto es, de colonia en colonia: Ho Chi Minh reflexionaba sobre su país y lo comparaba a los países que veía, a Madagascar o a Egipto, al Congo o a Argelia, y formulaba ya lo que habría de ser su gran aportación al movimiento revolucionario mundial: la importancia de los países colonizados. "Los camaradas metropolitanos -explicaría después en la V Komintern, en Moscú - no han asimilado aún la idea de que el destino proletario mundial está unida a la de las clases oprimidas en las colonias. Tengo la impresión de que quieren matar la serpiente golpeándola en la cola". Era la época de la disputa por el poder entre Stalin y Trosky, la época en que el problema de las colonias era aún una tesis, un tema de discusión teórica, cuando los marxistas dudaban aún si el imperialismo pretendía en las colonias una ampliación de mercados o una explotación de materias primas, cuando las tesis de la ya asesinada Rosa Luxemburgo y el recién muerto Lenin no concordaban en el punto de si las contradicciones internas del capitalismo - que debían hacerle desaparecer inevitablemente - estallarían en el mundo colonial o en la sociedad industrial superdesarrollada. Para Ho Chi Minh, estas disputas no tenían sentido. Para él, la cabeza de la serpiente estaba precisamente en el mundo colonial, y era allí donde había que aplastarla. Le parecía que todas las discusiones eran excesivas. "Cuánto hablan", había gritado ya cuatro años antes en una reunión del partido, en Francia. Pacientemente, con la calma insistente del partido para el camarada neófito, se le había explicado que "hablar y discutir es muy importante para la clase obrera". Nunca lo comprendió del todo. Ho Chi Minh era poeta - como Mao, como otros muchos revolucionarios asiáticos-, educado el estilo condensado, comprimido, de la poesía oriental. Todo podía decirse con un par de docenas de palabras en cuatro versos expresivos formando una sola imagen. La imagen de matar la serpiente golpeándole la cola le parecía bastante…
EL PASTELERO DEL CARLTON
Los cuatros años de tocar mundo colonial por los puertos- donde la miseria es mayor, donde la corrupción y la venta del hombre se asoman, como por una herida, para recibir una limosna o un trabajo que se paga con una limosna le dejaron por fin, en tierra firme, en Londres. Allí tuvo un maestro, por no de revolución, sino de cocina. Ho Chi Minh trabajó en el Carlton y ascendió desde las más tétricas profundidades de los grandes hoteles - que ha descrito maravillosamente otro revolucionario menor, el troskysta George Orwell, en su libro "Up and down London and París" -hasta la sección de pastelería, donde el que fue famoso "chef" Escoffier le enseñó un arte de la gastronomía que no olvidaría jamas. Dicen que los "nidos de golondrina" que preparaba él mismo en Hanoi para los más queridos de sus invitados no tenían igual en todo el Lejano Oriente… Durante sus tres años de Londres, leía y leía, se reunía con compatriotas, con ciudadanos de otros pueblos oprimidos y colonizados. Pero la política estaba en Francia - donde aún había guerra- Y Ho Chi Minh se fue a París, donde trabajaba como retocador de fotografías ("bellos retratos, bellos marcos, todo por cuarenta y cinco francos", decía el anuncio de quien ya se llamaba Ai Quoc, "el patriota", hacía insertar en los periodícos proletarios).
En las noches apasionadas de las discusiones en los cafés se le veía con un muchacho alto, robusto. Un estudiante chino que se llamaba Chu En Lai. En la tertulia literaria de una librería de la calle Jemmaspes se codeaba con León Blum, con Marcel Cachin, con Longuet - sobrino de Carlos Marx -; escuchaba mucho y hablaba poco. Pero hablaba siempre que se trataba del tema de los países coloniales. Se sabía de memoria una de las tesis de Lenin: "El obrero europeo debe luchar por el derecho de autodeterminación. Debe reivindicar la libertad de separación política de las colonias y las naciones oprimidas". Entre los "camaradas metropolitanos", esas ideas no parecían muy claras. El propio partido comunista francés, en sus primero momentos, dudaba de ellas. Si Francia abandonase, por ejemplo, Argelia, ¿no ocurriría que este país sería dominado por las clases religiosas, por los elementos más retrógrados del país? ¿No volvería a la edad media, al feudalismo? Y parecía, sin embargo, científico el paso por cierto estadio antes de llegar a la revolución: del feudalismo a la monorquia absoluta y el establecimiento de las nacionalidades, de ésta a la revolución burguesa, de la revolución burguesa a la proletaria… Muchos revolucionarios coloniales admitían esta tesis. Pero no Ho Chi Minh, que se había vuelto comunista por las palabras de Lineen sobre los pueblos coloniales, que lo era, como más tarde diría él mismo, antes que nada por nacionalismo y por patriotismo…Con esta idea escribió en "L`Humanité", y con ella fundó un periódico agresivo y duro, "El Paria", donde escribirían los dirigentes y los revolucionarios de los países colonizados. Y esta era la tesis de una comedia que escribió entonces con el título de "El dragón de bambú", que no deja de ofrecer cierto aire de antecedente a la frase con que Mao califica la bomba atómica, "El tigre de papel". Con esas tesis, Ho Chi Minh se fue a Versalles, donde se discutía el tratado de paz, para pedir al presidente de los Estados Unidos, Wilson, la liberación del Vietnam, que entonces había dejado de llamarse así y estaba dividido por la administración francesa en tres países (Tokin, Annam y Cochinchina). Wilson no le vió jamás, pero se dice que a partir de ese momento algunos agentes americanos entraron en contacto con el joven revolucionario para comenzar a estudiar la posibilidad de desgajar de Francia aquel trozo del Sudeste asiático…
CON BORODIN Y CHIANG KAI CHEK
Para Ho Chi Minh, la revolución de su país se había convertido ya en una profesión. EL lugar de perfeccionarla, entonces era Moscú, donde llegó en el momento de la V Komintern, ante la que pronunció su famoso discurso de la cabeza de la serpiente. Pero la acción comenzaba ya a estar en Asia, en la China de la primavera de 1925, con la huelga general de Catón, en el terreno que iba a ser luego literatura de Malraux en "La condición humana" y "Los conquistadores", donde un gran revolucionario profesional, Borodin - personaje favorito de Malraux -. Borodin tuvo un hombre de confianza, un conocedor de Asia y fue Ho Chi Minh, para quien la revolución china no era más que una antesala de la de su país. Borodin formó una escuela militar. El director era el coronel Chiang Kai Chek, el jefe del departamento político era Chu En Lai. Ho Chi Minh siguió la estela revolucionaria de Chiang Kai Chek, pero en la famosa noche del 3 de abril de 1927, cuando Chaing Kai Chek cambió de cara y se desembarazó de los comunistas en una enorme matanza. Ho Chi Minh consiguió huir y comenzar una nueva carrera revolucionaria en Birmania, en China, en Siam, vestido, unas veces, de monje budista; otras, de campesino, pasando de cárcel en cárcel, de tortura en tortura, volviendo a Moscú unos días para "ponerse al día", regresando a los puntos agudos para organizar huelgas, motines, levantamientos. Mientras tanto, su vida humana proseguía. Escribía poemas, amaba, tenía hijos.

JEFE DE ESTADO

Ho Chi Minh no volvió a su país hasta 1940, veintiocho años después de haber salido de él como mozo de paquebote. Por fin era "Su" revolución. Ho Chi Mihn luchó en las guerrillas durante los cinco años de la ocupación japonesa y dirigió al mismo tiempo una difícil obra diplomática. Los enemigos de los japoneses eran sus amigos. Podía volverlo a ser, temporalmente, Chinag Kai Chek. Lo eran los americanos, los comunistas chinos. Los soviéticos. Lo eran también los franceses, por el momento. DE todos obtenía ayuda y con esa ayuda sostenía las guerrillas de los que iba a ser el Viet Mihn. Unas guerrillas que dirigía Vo Nguyen Giap, que hoy es el general revolucionario más prestigioso del mundo, el que iba a ser vencedor en la batalla de Dien Bien Fu. Cuando la guerra terminó, doscientos mil soldados chinos entraron en el Vietnam. Ho Chi Minh continuó la lucha, esta vez con la ayuda de los franceses, para que se fuesen los chinos, mediante unas famosas conversaciones sostenidas en París con el entonces jefe de gobierno, Bidault. Se contaba entonces que Ho Chi Minh besaba en las mejillas a Bidaut, en la "accolade" francesa, pero que el hombrecillo que luego fue jefe de la OAS se resistía: decía que las barbas le hacían cosquillas, pero mucho sostenían la idea de que era un rechazo físico de tipo racial… Cuando los chinos se fueron, Ho Chi Minh combatió a los franceses. Esta vez le ayudaban los americanos, los comunistas chinos, los soviéticos. Y Giap ganó la batalla de Dien Bien Fu, y el desenlace fueron los acuerdos de Ginebra, la división del país en dos y la conversión de HoChi Mihmn, por primera vez en jefe de Estado.
LA VIA VIETNAMITA
Dieciocho millones de súbditos le veneraron. Era el "tío Ho". La asociación de jóvenes revolucionarios se llamaba, en una curiosa contradicción familiar,, "los nietos del tío Ho". Pero a la guerra contra Francia sucedió la guerra contra los Estados Unidos. Las guerrillas del Sur recibieron su ayuda, los americanos respondieron con los bombardeos de Vietnam del Norte, de Hanoi… Para Ho Chi Minh, según sus interlocutores, no hubo nunca un momento de inquietud, Desde sus primeras escuelas revolucionarias había sostenido la máxima de que un ejército popular es superior al mejor ejército moderno. Desde el principio de la intervención americana declaró que los Estados Unidos no son capaces de llevar una guerra larga y sin final previsible. Sus predicciones se cumplieron. Y ahora Ho Chi Minh mantenía una difícil diplomacia: sostenía la " vía vietnamita del comunismo", buscaba las formas de unidad con los jóvenes guerrilleros del Sur, mantenía amistad y distancia con la China comunista y al mismo tiempo, con la Unión Sovietica, dirigía las negociaciones de París con los Estados Unidos. Y al mismo tiempo, aparecía como la figura revolucionaria que si hubiese vivido cien años habría podido inflamar toda Asia…. el albura del traje le arde el corazón abierto.
No trae escolta, ni paje pasó montaña y desierto en la blancura del traje sólo el corazón abierto no quiso más para el viaje.

continua adelante el tren de la union latino americana y el caribe


El presidente Manuel Zelaya suscribió este lunes la adhesión de Honduras a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), en una ceremonia pública a la que asistieron los gobernantes de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba
El acto tuvo lugar en la céntrica Plaza de la Libertad, frente al Palacio de Gobierno, ante un menguado público -inicialmente de miles de personas- que debió esperar durante varias horas a los mandatarios Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega, y al vicepresidente cubano Carlos Lage.
"El giro social del gobierno dice que nadie, ningún poder fáctico, imperialista o mediático puede impedir que Honduras se una al ALBA. Sí a Honduras", exclamó Zelaya en su discurso, desafiando a grupos empresariales que rechazan la incorporación del país centroamericano al acuerdo regional.
El mandatario acusó a los grupos privados que se le oponen de ser los culpables de la pobreza que afecta al 70% de los 7,5 millones de hondureños.
"Somos suficientemente soberanos, herencia de nuestros mártires y por eso podemos decir al mundo que Honduras no tiene que pedir permiso a ningún imperialista para suscribir el ALBA", enfatizó.
"El ALBA no nos obliga a nada, sino que abre una puerta de esperanza para enfrentar las crisis internacional que nos ha golpeado energéticamente y alimentariamente en los sectores pobres, que son las grandes mayorías", agregó el gobernante.
La incorporación de Honduras al ALBA la rubricaron sus homólogos de Venezuela, Nicaragua y Bolivia, así como el vicepresidente cubano Carlos Lage.
Zelaya leyó parte de la declaración en la que se adelantan algunos de los beneficios que empezará a recibir el país por su incorporación a la Alianza, como bonos por 100 millones de dólares para apoyar al sector agrícola e informal y una donación de 100 tractores para el campo.
Tras su incorporación al ALBA, Honduras recibirá asistencia financiera y técnica para instalar un canal estatal destinado a la difusión del arte y para organizar sinfónicas en el área rural.
Con la ayuda de cientos de maestros cubanos se lanzará una campaña para erradicar el analfabetismo en los próximos 14 meses, "pues en ese tiempo todos tienen que saber leer la palabra socialismo y capitalismo para entender la diferencia", acotó Zelaya.
"Yo no nací para ser esclavo o para tener amos que nos han tenido sometidos, alienados y desinformados (...). El ALBA nos sirvió de espacio para abrir los ojos a la libertad", declaró el mandatario hondureño.
Chávez, por su parte, lanzó un discurso de más de una hora que se centró en atacar a Estados Unidos y a la oligarquías latinoamericanas, a las que llamó "fieras heridas, serpientes venenosas y pitiyanquis, que entregaron estos países" a la potencia del norte.
La adhesión de Honduras al ALBA se da en medio de un fraccionamiento sin precedentes del país, ya que el presidente Zelaya apuesta al proyecto porque asegura beneficiará a los más pobres, pero empresarios y políticos de derecha se oponen por considerarlo "nefasto" a los intereses nacionales.

sábado, 23 de agosto de 2008

INTEGRACION SURAMERICANA




Esta semana, pese a esa condición utópica que reconoció Chávez, una nota de prensa del gobierno venezolano anunciaba "el inicio de actividades para lograr el tren del sur", una línea férrea de 9.000 kilómetros que una las capitales argentina y venezolana y vincule a varios países suramericanos.
Ese "inicio de actividades" no tienen que ver con estudios de ingeniería, firma de convenios financieros o inicio de movimientos de tierras, sino con una reunión en Caracas en la que especialistas de Venezuela y de Argentina expusieron ideas sobre cómo podría ser una futura conexión ferroviaria.
Locomotora integradora
En sus ponencias los delegados reconocieron las dificultades técnicas, políticas, financieras y ambientales de una obra de esa magnitud, pero confían en que el "espíritu integracionista" allane el camino.
"Estamos todos bien esperanzados y seguros de que éste va a ser un proyecto que más pronto que tarde va a ser una realidad y va a unir a toda Latinoamérica", dijo a BBC Mundo, el ingeniero Michel Douaihy, presidente del Instituto de Ferrocarriles del Estado de VEste Tren del Sur desarrollará las potencialidades industriales y de explotación de minerales de todos los países de suramérica que son innumerables", afirmó Douaihy.
Aunque Douaihy reconoció que no hay todavía estudios sobre el impacto que podría tener este proyecto en la producto interno bruto de la económica suramericana, aseguró que son "muchos" y "evidentes".
"Es una idea, no es un proyecto concreto (¿) que tiene que ser plasmada en una decisión política de los países", explicó a BBC Mundo Juan Cristóbal Rautenstrauch, presidente de Ferromat, una compañía de ingeniería argentina especializada en ferrocarriles y quien estuvo en el evento en Caracas.
Una idea, dos opciones
El Tren del Sur recorrería unos 6.200 kilómetros desde el Mar del Plata hasta las cosstas del Caribe. De ellos existen operativos en la actualidad los 2.400 kilómetros que llevan de Buenos Aires a Santa Cruz en Bolivia y que serían la sección inicial del proyecto.
A partir de allí hay dos opciones: ir directamente hasta el sur de Venezuela atravesando territorios amazónicos, o seguir por la vertiente oriental de Los Andes hasta llegar a los llanos venezolanos. enezuela, IFE.


Rautenstrauch explicó que la ruta a desarrollar dependerá del análisis de cuatro criterios básicos: fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas de cada opción.
La vía amazónica, más corta y plana, tiene un potencial impacto ecológico mayor y un menor beneficio social en los territorios que atraviese, la mayoría despoblados y poco aptos para la agriculura.
En cambio la ruta andina serviría a comunidades establecidas pero su construcción resultaría más costosa por la necesidad de atravesar terrenos montañosos, pero es la que Rautenstrauch preferiría ver desarrollar.
"El trazado por el oriente de los Andes es una trazado que visto desde el punto de vista técnico, económico, ambiental, social, tiene muchísimas ventajas", señaló Rautenstrauch.
Mejor en barco
Para los grupos ecologistas el proyecto del tren del Sur es una idea "extremadamente delicada" de vieja data pero que nunca ha terminado de concretarse.
Franklin Rojas, de la organización ecologista Provita, comparó el proyecto ferroviario al frustrado gasoducto del Sur que hace varios años propuso el presidente Chávez.


"Son megaproyectos de desarrollo que se están haciendo de espaldas a la parte ambiental. El Amazonas es uno de los grandes reguladores del clima", recordó Rojas, para quien "lo que más afecta a la naturaleza y las comunidades locales es la apertura de nuevas vías de penetración".
"En principio legalmente no se podría hacer, porque estamos hablando de zonas protegidas nacional e internacionalmente", dijo Rojas a BBC Mundo.
Aunque Rojas rechaza ser un "ecologista a ultranza" considera que la mejor opción es que el comercio suramericano siga moviéndose vía marítima para evitar el daño que, según él, generan las grandes obras de infraestructura.
Factor dinero
Cuando en agosto pasado, en la cumbre en Argentina, Chávez habló del Tren del Sur con el brasileño Luiz Inácio "Lula" Da Silva y la anfitriona Cristina Kirchner, también les habló relanzar el "enfriado" Gasoducto del Sur.
Quizás por eso lo de la línea ferroviaria Caracas-Buenos Aires haya sido recibido con escepticismo entre algunos acostumbrados a estos anuncios altisonantes.
Los especialistas reunidos en Caracas coincidieron en calcular que entre la coordinación gubernamental para definir el trazado y los estudios de factibilidad del tren el proyecto podría tener forma en tres o cuatro años.
Sólo en ese entonces se empezaría el otro proceso complejo de buscar su financiamiento. Pero todo va a depender de la "voluntad política" y cómo cada país involucrado vea sus intereses representados en la "utopía" del Expreso del Sur.
La "utopía" del "Expreso del Sur, de un ferrocarril que una Caracas con Buenos Aires" al que se refirió a principios de agosto el presidente venezolano Hugo Chávez podría dejar de ser un "sueño" presidencial.

Estamos todos bien esperanzados y seguros de que éste va a ser un proyecto que más pronto que tarde va a ser una realidad y va a unir a toda Latinoamérica
Michel Douaihy, presidente de IFE

el sueño del pueblo de bolivia




“Para Chile el Mar de Bolivia en un tema de capricho y orgullo indoblegable, mientras que para Bolivia es un problema se sobrevivencia económica”
¿MAR EN BOLIVIA...?¡SOÑAR NO CUESTA NADA...!

Así reza un antiguo adagio popular que bien se pudiera aplicar al tema del Mar de Bolivia; ya que para los chilenos significa un deseo inalcanzable, mientras que para los bolivarianos es una esperanza a corto plazo... puesto que “soñar” es la primera fijación de ideas para lograr objetivos… Como bien dice el refrán de Marco Aurelio: "La vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella."… Frases ciertas que bien supo interpretar Simón Bolívar, al referirse a esa nueva nación llamada “BOLIVIA” que surgía entre las cenizas del imperio Inca, gracias a la fuerza arrolladora de la Revolución Bolivariana… al respecto expresó el Libertador:
“Esta República Bolivariana tiene para mí un encanto particular, primero su nombre, y después todas sus ventajas sin un escollo: parece mandada hacer a mano. Cuanto más medito sobre la suerte de este país, tanto más me parece una pequeña maravilla”
Es por ello que ha causado roncha en la piel de algunos los iletrados internacionalistas sumisos a la oligarquía chilena, las oportunas palabras del Presidente de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, las cuales se han convertido en un refranero de la población boliviana:
"Sigo soñando y seguiré soñando toda mi vida con bañarme algún día en una playa boliviana"

proyecto de restauracion de la gran nacion bolivariana


La Gran Colombia
De este modo suele ser designada en la actualidad la vasta República que a instancias del Libertador Simón Bolívar fue fundada el 17 de diciembre de 1819 por el Congreso de Angostura, la cual dejó de existir en 1830. Pero en aquella época su nombre oficial, por el cual la llamaban todos, empezando por Bolívar, fue el de República de Colombia. Su territorio llegó a comprender el de las actuales repúblicas de Venezuela, Colombia (que en aquel tiempo era conocida como Cundinamarca y, sobre todo, Nueva Granada), Ecuador y Panamá.
Cuando Bolívar y sus contemporáneos mencionaban a los «colombianos» entendían por tales a los ciudadanos de Venezuela, Nueva Granada (hoy Colombia), Ecuador y Panamá. El nombre de Colombia ha sido un homenaje al Almirante Mayor del Mar Océano, virrey y gobernador general de las Indias Occidentales, Cristóbal Colón, descubridor del Nuevo Mundo, tributo un tanto tardío que sólo vino a plasmarse en el siglo XIX, gracias a la iniciativa y ejecución de 2 venezolanos: Francisco de Miranda, el Precursor de la Independencia de América y Simón Bolívar, el Libertador. Claro que antes de Miranda y de Bolívar hubo antecedentes en el reconocimiento a Colón, pero ello no pasó de la simple sugestión. Entre otros Fray Bartolomé de Las Casas, quien propuso para el Nuevo Continente el nombre de Columba, y el jurista e historiador Juan de Solórzano Pereira, quien asomó la denominación de Colonia o Columbania, y más atrás aún, en la corte de Carlos V se habló de que las Indias Occidentales debían ser bautizadas con el nombre de Colón. Miranda, en sus proyectos constitucionales para Hispanoamérica, perfila el mote de continente colombiano y el vocero que edita en Londres a comienzos de 1810 para la propaganda revolucionaria en la América Española, lo intitula El Colombiano.
Bolívar en su Carta de Jamaica (Kingston, 6.9.1815) escribe: «La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar una república central cuya capital sea Maracaibo, o una nueva ciudad que con el nombre de Las Casas, en honor de este héroe de la filantropía, se funde entre los confines de ambos países, en el soberbio puerto de Bahiahonda. Esta posición, aunque desconocida, es más ventajosa por todos respectos. Su acceso es fácil y su situación tan fuerte, que puede hacerse inexpugnable. Posee un clima puro y saludable, un territorio tan propio para la agricultura como para la cría de ganado, y una grande abundancia de maderas de construcción. Los salvajes que la habitan serían civilizados y nuestras posesiones se aumentarían con la adquisición de la Guajira. Esta nación se llamaría Colombia como tributo de justicia y gratitud al creador de nuestro hemisferio». Esta declaración del Libertador en 1815 tiene sus raíces en su actuación en Nueva Granada desde finales de 1812, cuando en el Manifiesto de Cartagena (15.12.1812) presenta como medida indispensable «…para la seguridad de la Nueva Granada, la reconquista de Caracas…», y habla con entera propiedad de «…las raíces del árbol de la libertad de Colombia…», excitando a los patriotas neogranadinos a «…marchar a Venezuela a libertar la cuna de la independencia colombiana…» Otro antecedente está en la carta para el general Santiago Mariño, en que Bolívar, desde Valencia, el 16 de diciembre de 1813, puntualiza: «Venezuela unida con la Nueva Granada podría formar una nación que inspire a las otras la decorosa consideración que le es debida (...) Nuestra seguridad y la reputación del nuevo gobierno independiente nos impone el deber de hacer un cuerpo de nación con la Nueva Granada. Este es el voto ahora de los venezolanos y granadinos, y en solicitud de esta unión tan interesante a ambas regiones, los valientes hijos de la Nueva Granada han venido a libertar a Venezuela». Después, caída la Segunda República de Venezuela en 1814 y triunfante en 1816 el ejército español en Nueva Granada, tanto venezolanos como granadinos comprobaron hasta la saciedad la justeza del pensamiento del Libertador, ya que las repúblicas aisladas, son destruidas fácilmente por la potencia dominante. En la citada carta para Mariño, Bolívar advertía: «Divididos seremos más débiles, menos respetados de los enemigos (...) La unión hará nuestra fuerza y nos hará formidables a todos» La unión fue la consigna de Bolívar a lo largo de toda su actuación libertadora. Y así como bajo el comando supremo del Libertador los neogranadinos dieron la libertad a Venezuela en 1813, bajo esa misma dirección salieron los ejércitos de suelo venezolano en 1819 a dar libertad a la Nueva Granada. Era, pues, un hecho que todo lo previsto por Bolívar en sus grandes documentos de 1812, 1813 y 1815 se cumplía a la perfección. Los 2 países hermanos ya se habían fundido con la fuerza cohesiva de una amalgama.
El 17 de diciembre de 1819, a orillas del Orinoco, en la histórica ciudad de Angostura, el Congreso de Venezuela dicta la ley fundamental de la República de Colombia, compuesta por Venezuela, Nueva Granada y Ecuador (todavía ocupado éste por los españoles); el territorio de la nueva nación comprende una extensión de más de 2.000.000 km2 y se encuentra dividido para su gobierno en 3 departamentos: Venezuela, Cundinamarca y Quito, cuyas respectivas capitales son Caracas, Bogotá y Quito. La más alta jerarquía en el Ejecutivo de la República la tiene el presidente, y en su defecto el vicepresidente; además en cada capital de departamento habrá un vicepresidente. Los símbolos del Estado son los mismos de Venezuela, mientras el Congreso Constituyente de Colombia, que debería reunirse en territorio neogranadino en 1821, dictase su Constitución. De acuerdo con la ley fundamental, Bolívar fue designado presidente y Francisco Antonio Zea vicepresidente. Los vicepresidentes de los departamentos fueron Juan Germán Roscio (Venezuela) y Francisco de Paula Santander (Cundinamarca). La del departamento de Quito no se proveyó por estar su territorio bajo el dominio español. Al Congreso de Angostura le cupo la gloria de dar vida jurídica al Estado que, en la actualidad, para darle mayor significación al ideal bolivariano que lo promovió, todos denominan la Gran Colombia. Angostura (hoy Ciudad Bolívar) fue la cuna en donde nació la Colombia bolivariana.
Realizadas las elecciones nacionales conforme a lo prescrito en el estatuto fundamental de Angostura, el Congreso de la novísima República se reunió en la Villa del Rosario de Cúcuta, el 6 de mayo de 1821. Debía instalarse el 1 de enero, como se había previsto en Angostura, pero inconvenientes de distinta índole lo impidieron. Concurrieron 57 diputados. La primera directiva del cuerpo la integraron: José Félix Restrepo (Antioquia), presidente; Fernando Peñalver (Caracas), vicepresidente; y Francisco Soto y Miguel Santamaría, secretarios. En el Congreso de Cúcuta participaron varones muy ilustres de Venezuela y Nueva Granada, quienes contribuyeron con sus luces a edificar definitivamente la República nacida en Angostura. El 12 de julio del 1821 se firmó la ley fundamental de la Unión de los pueblos de Colombia; para entonces el presidente del Congreso era José Ignacio de Márquez, el vicepresidente Antonio María Briceño y los secretarios Miguel Santamaría y Francisco Soto. El cúmplase y el publíquese le fueron puestos el 18 del mismo mes de julio. Asimismo la Constitución de la República de Colombia, objetivo central del Constituyente, fue suscrita por todos los diputados presentes en el Rosario de Cúcuta el 30 de agosto de 1821. Eran entonces directivos del cuerpo Miguel Peña, presidente; Rafael Lasso de la Vega, vicepresidente; Francisco Soto, Miguel Santamaría y Antonio José Caro, secretarios. El cúmplase tiene fecha del 6 de octubre y está autorizado con la firma del presidente de la República Simón Bolívar y refrendado por los ministros secretarios del despacho, Pedro Briceño Méndez, de Marina y Guerra; Pedro Gual, de Hacienda y Relaciones Exteriores; y Diego Bautista Urbaneja, del Interior y Justicia.
Bogotá fue designada capital de la República y ésta se dividió en departamentos, provincias y cantones; la máxima autoridad ejecutiva en los primeros era el intendente, en las segundas el gobernador y en los terceros el juez político. Los departamentos venezolanos fueron 3; denominados Orinoco, Venezuela y Zulia, con un total de 10 provincias; los de la Nueva Granada fueron 4: Boyacá, Cundinamarca, Cauca y Magdalena, con 13 provincias. Se le dio a la república Escudo de Armas, Sello y Bandera; esta última fue la tricolor que había venido usando Venezuela. El Congreso adoptó medidas que preveían la abolición progresiva de la esclavitud, decretó la abolición del tráfico de esclavos, y legisló sobre la enseñanza pública, poder judicial, naturalización de extranjeros, exención de porte de correos a periódicos y otros impresos, libertad de imprenta, importación, aranceles y tarifas, registro de buques nacionales y nacionalización de los extranjeros, tabaco, factorías y exportación, contribución directa, asignación de bienes nacionales a los servidores de la república, confiscación de bienes pertenecientes al Gobierno español, extinción de los tributos de los indígenas, contaduría general de Hacienda, papel sellado, uniformidad de pesos y medidas, enajenación de tierras baldías, modo de proceder contra conspiradores y perturbadores de la tranquilidad pública y otras materias de capital interés para el desenvolvimiento de la administración nacional. El Poder Ejecutivo de Colombia, según el título V, sección 1ª de la Constitución de 1821, está depositado en un presidente y un vicepresidente. El período gubernamental es de 4 años. El presidente elegido en Cúcuta fue el Libertador Simón Bolívar y como vicepresidente resultó electo el general Francisco de Paula Santander. Ambos se juramentaron el 3 de octubre. Pocos días después Bolívar nombró el primer gabinete, constituido por Pedro Gual (Relaciones Exteriores), José Manuel Restrepo (Interior y Justicia), Pedro Briceño Méndez (Guerra y Marina), José María del Castillo y Rada (Hacienda) y solicitó la autorización del Congreso para marchar al sur a fin de proseguir las campañas libertadoras. Se le concedió, dándole amplias facultades sobre los territorios que fuesen teatro de operaciones. A la cabeza del Gobierno quedó Santander como vicepresidente de la República encargado del ejercicio del Poder Ejecutivo.
El 13 de octubre de 1821 cesaron las sesiones del Congreso de Cúcuta, que actuó en forma soberana, sin presiones de ningún género, ya que el mismo Bolívar fue garante del clima de libertad y autonomía en que se desarrollaron las actividades de esta magna asamblea grancolombiana. De acuerdo con las facultades que le había otorgado el Congreso para dirigir la guerra, el Libertador dispuso que el general Antonio José de Sucre se trasladase a Guayaquil (que en octubre de 1820 se había independizado de los españoles), y desde allí avanzara hacia Quito. Es la Campaña del Sur, en la cual habrá combates y batallas de singular relieve, entre estas últimas Bomboná, el 7 de abril de 1822, dirigida por el propio Bolívar, y Pichincha, el 24 de mayo siguiente, por Sucre. El 13 de julio se incorpora formalmente Guayaquil a Colombia. Y el 27 del mismo mes se celebra en esa ciudad la entrevista de Bolívar con el general José de San Martín. Más tarde, el Protector del Perú se retirará del campo de la política y de la guerra. En el Ecuador, totalmente incorporado desde mediados de 1822 a la Gran Colombia, el Libertador sigue con gran preocupación el desarrollo de los sucesos en el Perú. Entre tanto, el 17 de julio de 1823, manda personalmente la batalla de Ibarra, donde derrota al coronel realista Agustín Agualongo. Llamado por los patriotas peruanos, emprende viaje por mar, el 7 de agosto de 1823, desde Guayaquil, y llega el 1 de septiembre a Lima. Estará en el Perú hasta el 3 de septiembre de 1826, cuando emprende el regreso después de dejar libre de la dominación española a la tierra de los incas y de haber fundado la República de Bolivia.
Durante la ausencia del Libertador, el vicepresidente Santander rigió los destinos de Colombia desde Bogotá, adonde se había trasladado ya el Gobierno a fines de 1821. Los congresos constitucionales de 1823, 1824 y 1825, que se reunieron en aquella ciudad con participación de senadores y diputados de todas las provincias, orientados por la capacidad administrativa y política del vicepresidente y sus principales colaboradores, fueron estructurando mediante numerosas leyes y resoluciones la vida civil de la República, en un clima de amplia, aunque no total, libertad de prensa; ejemplos de ésta fueron las polémicas que en Bogotá sostuvieron en 1823 Santander y el estadista Antonio Nariño, así como las campañas periodísticas que en Caracas llevó a cabo de 1822 a 1824 El Venezolano. La guerra, que no había terminado del todo en Venezuela con la batalla de Carabobo en 1821, pues quedaba el foco realista de Puerto Cabello, se reinició con las operaciones del brigadier Francisco Tomás Morales en el occidente venezolano, apoyado por la escuadra española del almirante Ángel Laborde. La batalla naval del lago de Maracaibo, ganada por el almirante José Prudencio Padilla en julio de 1823 (que coincidió casi con la derrota de las fuerzas del coronel Agualongo por el general Bolívar en Ibarra, antes mencionada) y la toma de Puerto Cabello por el general José Antonio Páez en noviembre de ese mismo año pusieron fin a las actividades bélicas de fuerzas regulares españolas en territorio grancolombiano. En el mar, sin embargo, continuó la guerra de corso. Estados Unidos (1822), Inglaterra (1825), Holanda (1829) reconocieron la independencia de la Gran Colombia, y otras naciones, sin llegar a dar ese paso, enviaron cónsules y agentes oficiosos a Bogotá y a los principales puertos de la República. Se reanudaron relaciones diplomáticas estables con la mayoría de las naciones de América Latina de origen hispano, así como con el imperio del Brasil. Se estableció contacto directo con la Santa Sede, que accedió a consagrar a los arzobispos y obispos propuestos por las autoridades, aunque se negó a aceptar que la República, como lo había declarado el Gobierno, estuviese en posesión del llamado «derecho de patronato» como sucesora de la Corona española. En 1824 la República contrató en Inglaterra un empréstito de 4.750.000 libras esterlinas (unos 20.000.000 de pesos). Los puertos grancolombianos continuaron abiertos a los buques mercantes de todas las naciones, excepto España, y se ofrecieron en venta tierras baldías a compañías extranjeras que se propusieron fomentar la inmigración. A pesar de las protestas o la resistencia de la Iglesia, pequeños grupos de no católicos, principalmente comerciantes y artesanos protestantes y judíos, se avecindaron en algunos puertos y hasta en poblaciones del interior. También tuvo cierto auge la masonería. La enseñanza universitaria se fue laicizando, y se introdujeron las ideas de Jeremías Bentham y de Benjamín Constant. En cambio, el proceso de abolición paulatina de la esclavitud avanzó muy lentamente y las tierras de algunos resguardos de indígenas empezaron a pasar a manos de particulares criollos o extranjeros. La distribución de los bienes nacionales (secuestrados a españoles o a criollos realistas expulsados) entre los servidores militares de la República, continuó, pero lo complicado del procedimiento dio lugar a abusos en las altas esferas del Gobierno central y al acaparamiento de tierras por algunos jefes, Páez entre ellos, que adquirían de los soldados y clases sus vales depreciados.
En 1825 se celebraron nuevas elecciones para la presidencia y la vicepresidencia de la República. Las ganaron, respectivamente, Bolívar y Santander, pero durante la campaña electoral, el segundo fue objeto de fuertes críticas, especialmente en ciertas poblaciones de Venezuela y en Cartagena. La votación por Bolívar fue casi unánime (583 votos sobre un total de 609 emitidos por los colegios electorales) y Santander obtuvo también una notable mayoría (286 votos) sobre el más cercano de sus contendores, Pedro Briceño Méndez, quien recibió 76; pero en provincias como Caracas, Apure, Maracaibo, Coro, Mérida, Margarita y Río Hacha no logró Santander ningún voto, y quedó en minoría en Cartagena, Santa Marta, Popayán y Guayaquil. La polémica sobre el modo como se había contratado y distribuido el empréstito de 1824 desempeñó en estos resultados un importante papel. Al mismo tiempo, se había despertado en ciertos sectores del centro-occidente de Venezuela un sentimiento de frustración por verse gobernados desde Bogotá, en tanto que entre los funcionarios civiles y los intelectuales de Nueva Granada se veía con aprensión la posición preponderante que en las Fuerzas Armadas habían alcanzado muchos venezolanos. La condena a muerte del coronel Leonardo Infante en 1824, en Bogotá, la crisis político-jurídica abierta por la oposición del letrado Miguel Peña a firmar la sentencia, y la final ejecución del reo a comienzos de 1825, habían contribuido también a agudizar esas tensiones. En el Ecuador, que permanecía más tranquilo, existía descontento entre los dueños de obrajes, cuyos tejidos sufrían la competencia en precio y calidad que les hacían los importados de Inglaterra, y un malestar económico generalizado debido a que aquella región había costeado en una alta proporción los gastos del ejército grancolombiano libertador del Perú. En el ámbito político, muy pocos eran los nativos del Ecuador que ocupasen posiciones de alguna importancia en el Gobierno central.
La crisis, a la vez económico-fiscal y político-militar, estalló en los meses iniciales de 1826. Así empezó a resquebrajarse la Gran Colombia, cuando quebró la casa londinense de Goldschmidt, que administraba los fondos del empréstito, con lo cual el crédito externo de la República sufrió un colapso total. Por otra parte, uno de los golpes más duros a la unidad, fue el movimiento separatista que estalló en Venezuela el 30 de abril de 1826, encabezado por las municipalidades de Valencia y Caracas. El letrado Miguel Peña y el general José Antonio Páez tuvieron papel de primer orden en este movimiento que pasó a la historia con el nombre de La Cosiata. Todo se aquietó momentáneamente con la presencia de Bolívar en territorio de Venezuela. En efecto, el Libertador y Páez se abrazan en Valencia el 4 de enero de 1827 y allí acaba aparentemente la disidencia; pero las discrepancias seguirán esta vez entre Bolívar y Santander, y se intensificarán aún más en la Convención de Ocaña, instalada el 9 de abril de 1828. Viene la dictadura de Bolívar (agosto 1828) que contó con apoyo popular; el atentado del 25 de septiembre de ese año en Bogotá contra la vida del Libertador; y la guerra con el Perú en la que es vencido finalmente el ejército peruano en 1829.
En noviembre de 1829, Venezuela anuncia que se separa de Colombia. Han renacido y esta vez se han encauzado con mayor efectividad los propósitos de La Cosiata. En enero de 1830 se reúne en Bogotá el Congreso Constituyente convocado por Bolívar, quien renuncia ante él sus poderes. El 6 de mayo abre sus sesiones en Valencia el Congreso Constituyente de Venezuela. El 13, Quito se separa de Colombia. El 4 de junio es asesinado en Berruecos el gran mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. El 22 de septiembre el Congreso de Valencia aprueba la Constitución de la República soberana de Venezuela. Páez es el primer presidente. El 23 de septiembre Quito promulga su primera Constitución. El general Juan José Flores ocupa la presidencia del nuevo Estado que se denomina Ecuador. Bolívar muere en San Pedro Alejandrino (Santa Marta), el 17 de diciembre de 1830. Para él, Colombia fue «…la palabra sagrada y la palabra mágica de todos los ciudadanos virtuosos…» Por ello, hasta en los últimos instantes de su vida, los llamó desgarradamente a la unidad, a la concordia, al amor, a la paz. Aún después de muerto el Libertador, el general Rafael Urdaneta, a la cabeza del Gobierno en Bogotá, trata de restablecer la unidad. No lo consigue, y ha de renunciar en abril de 1831. La Nueva Granada constituye también una república soberana, cuya presidencia asumirá Santander en 1832. En 1863 se llamará Estados Unidos de Colombia, y a partir de 1886, República de Colombia. La Gran Colombia queda como el más ambicioso y noble de los sueños de Bolívar y el tributo perenne al Almirante del Mar Océano.
INFORMACIÓN Proyectos de restauración deLa Gran Colombia
La antigua República de Colombia (llamada «Gran Colombia»), que el Congreso de Angostura había fundado el 17 de diciembre de 1819 a proposición del Libertador Simón Bolívar, quedó disuelta en 1830. Venezuela, la Nueva Granada (hoy Colombia) y el Ecuador se constituyeron en estados soberanos, plenamente independientes entre sí, el mismo año en que moría Bolívar.
Durante las conmociones internas de los años siguientes, en Venezuela, algunos caudillos alzados en armas contra el Gobierno, como fue el caso del general José Tadeo Monagas en 1831, declararon que aspiraban a restaurar la gran República. Lo mismo ocurrió con la Revolución de las Reformas en 1835-1836. En uno y otro caso, sin consecuencias. Perduró, sin embargo, en algunos individuos de las élites políticas e intelectuales de los 3 países, el recuerdo de la unión grancolombiana, el cual se hizo más intenso después de 1842, cuando los restos mortales de Bolívar fueron conducidos desde Santa Marta a su ciudad natal.
En 1855, cuando ejercía por segunda vez la presidencia de Venezuela, el general José Tadeo Monagas envió a Bogotá como ministro plenipotenciario al general Carlos Castelli, quien tuvo que resolver con el secretario de Relaciones Exteriores de la Nueva Granada, Lino de Pombo, las serias desavenencias que habían surgido entre los 2 países y que casi condujeron al inicio de hostilidades. Zanjadas estas divergencias, el secretario de Relaciones Exteriores de Venezuela, Francisco Aranda, le encomendó a Castelli, por orden del presidente Monagas, que averiguase cómo acogería el Gobierno neogranadino una proposición venezolana de reconstituir a la antigua Colombia.
Monagas, escribía Aranda, «…propondría al próximo Congreso esta materia…» El 16 de enero de 1856 era el propio presidente quien le exponía a Castelli cuál era su proyecto, con las siguientes palabras «…deseo verla reconstituida [a Colombia] en 3 secciones independientes entre sí y ligadas para defenderse mutuamente, dirigir sus negociaciones diplomáticas, promover en común la inmigración y demás empresas de utilidad general y volver a ocupar en Europa el rango a que la elevaron los esfuerzos del Libertador…» Pocas semanas después, el 8 de febrero, en su Mensaje anual dirigido al Congreso, el presidente Monagas propuso, en efecto, la restauración de la «Confederación Colombiana», presentándola como una aspiración unánime de «…las tres naciones que antes componían la Gran República…», para que se cumplieran «…los postreros votos de su común Libertador…» Aludía así a la última proclama de Bolívar, en la cual éste había reclamado la unión. Este proyecto, que Monagas había vinculado habilidosamente con una reforma constitucional que le permitía prorrogar su mandato, fue aprobado por el Congreso el 27 de febrero de 1856. Pocos meses después, el 19 de mayo, el Congreso de la Nueva Granada sancionó a su vez una ley que propiciaba igualmente la «…reorganización de Colombia como una sola entidad política…», según lo expresaba Pombo.
Por otra parte, tanto Venezuela como la Nueva Granada informaron al Gobierno del Ecuador acerca del proyecto y solicitaron su participación en las negociaciones. El 20 de mayo de 1856 el secretario de Relaciones Exteriores de ese país, Ramón Borja, contestó que la Constitución ecuatoriana no preveía la alteración de la forma de gobierno, pero ofreció someter «…tan importante cuestión…» al Congreso cuando éste se reuniese. Las negociaciones no fueron mucho más lejos, porque si bien Venezuela y la Nueva Granada coincidían en cuanto al principio, diferían radicalmente en su ejecución. Venezuela deseaba una estrecha liga entre las 3 naciones, pero manteniendo cada una su soberanía y la estructura de su régimen político interno. La Nueva Granada proponía que, previamente, cada nación se organizase bajo la forma federal (varios estados en Venezuela, varios en la Nueva Granada, varios en el Ecuador) y que fuesen luego esos estados los que se reuniesen en una gran confederación. No se llegó a un acuerdo y el general Castelli dio por concluida su misión en julio de 1856.
El proyecto renació a comienzos de la década de 1860, cuando tanto en Venezuela como en la Nueva Granada, tenía lugar la contienda civil llamada Guerra Federal o de la Federación. Desde septiembre de 1859 cuando se reunió en Barquisimeto una Asamblea que designó al general Juan Crisóstomo Falcón jefe de la revolución federal venezolana, se le confirieron facultades para convocar la Confederación Colombiana; pero ni él ni ninguno de los principales caudillos del movimiento, como Ezequiel Zamora o Antonio Guzmán Blanco, hicieron gestiones al respecto. Entre tanto, en la Nueva Granada el general Tomás Cipriano de Mosquera, jefe de los federalistas, promovía la unión grancolombiana y se ponía en contacto con el presidente del Ecuador, Gabriel García Moreno y con su principal aliado militar en las contiendas internas de ese país, el general Juan José Flores. Éste, hablando también en nombre de García Moreno, le escribía el 19 de febrero de 1861 al emisario de Mosquera que el Gobierno ecuatoriano estaba de acuerdo con la reconstitución de la República de Colombia, bajo la forma federal, «…por la voluntad espontánea de las tres Repúblicas que la componen…» El Ecuador envió también como representante ante el Gobierno de Caracas con tal fin al general Vicente González, pero la guerra civil que entonces desgarraba al país no permitió la continuación de las negociaciones.
En febrero de 1860 la derrota sufrida en la batalla de Coplé por los federalistas venezolanos había obligado a muchos de éstos a buscar refugio en la Nueva Granada. Algunos, como Napoleón Sebastián Arteaga, Luis Level de Goda y Francisco Iriarte, se entrevistaron con Mosquera. Éste, quien en julio de 1861 ocupó Bogotá y convirtió a la Nueva Granada en Estados Unidos de Colombia, se valió de aquéllos para promover su proyecto de unión entre los federalistas que seguían luchando en Venezuela. Para difundir esas ideas, el dirigente liberal Antonio Leocadio Guzmán, también asilado en Bogotá, empezó a publicar allí en septiembre de 1861 su periódico El Colombiano. El 9 de diciembre de 1861, como un paso hacia la unión, Mosquera decretó que los venezolanos y los ecuatorianos gozarían en Estados Unidos de Colombia de los mismos derechos que los ciudadanos de esa nación. El general federalista venezolano José María Monagas, asilado en Cúcuta, que servía en el Ejército de los Estados Unidos de Colombia declaraba que «…no había ni venezolanos, ni ecuatorianos, sino colombianos…» En otro decreto de aquella misma fecha el presidente Mosquera incitaba a las provincias y territorios venezolanos de las fronteras del Arauca y del Táchira a constituirse en estados soberanos y a enviar sus representantes a la Convención que se iba a reunir en Río Negro.
Pero los principales dirigentes de la revolución federal en Venezuela, generales Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco, no veían con buenos ojos la iniciativa de Mosquera, la cual consideraban (en especial Guzmán) como un intento de anexión. Los demás caudillos federales adoptaron una actitud similar. La excepción más notable fue la del general Miguel Acevedo, quien reunió en Caucagua, en abril de 1862, una Asamblea que declaró a la provincia de Caracas incorporada a la Unión Colombiana y designó al sacerdote liberal Nicanor Rivero, entonces asilado en Curazao, para que la representase en la Convención convocada por Mosquera; pero la Asamblea se disolvió y Rivero no viajó a la Nueva Granada. En octubre y noviembre de 1862 se celebró en Nutrias, donde mandaba el general Pedro Manuel Rojas, la Asamblea Constituyente del estado Zamora, la cual se pronunció por la restauración de la antigua Colombia; pero al saber Rojas que Falcón la desaprobaba, no siguió adelante. En una carta escrita desde Churuguara el 1 de abril de 1862 a su padre Antonio Leocadio (entonces aún en Bogotá), el general Guzmán Blanco le ratificaba el rechazo de la dirigencia federalista venezolana a la fórmula de unión total propuesta por Mosquera (que Guzmán Blanco calificaba como «anexión»), pero dejaba abierta la puerta para una confederación de los 3 estados (Venezuela, Colombia, Ecuador) tal como la había entendido en 1856 José Tadeo Monagas. Le decía el joven general a su anciano padre en esa oportunidad de 1862 «…Tú, que te formaste en Colombia, que la viste viviente, que oíste a Bolívar, tú tienes un mundo delante que la generación a que yo pertenezco no conoció, y de aquí que a ti te parezca natural lo que a mí me causa disgusto. Tú has estado treinta años esperando volver a Colombia como la verdadera Patria, y yo los he empleado en amar a Venezuela como la Patria única…» Se refería, naturalmente, a la antigua Colombia de la época de Bolívar. Al comprobar el escaso éxito de su política de integración grancolombiana entre los federalistas venezolanos el presidente Mosquera inició gestiones en el mismo sentido ante el general José Antonio Páez, quien ejercía la dictadura en Caracas como jefe de los centralistas.
En diciembre de 1862 envió como emisario al general Luis Level de Goda, portador de una carta en la cual Mosquera, además de ofrecerse como mediador entre los bandos contendientes venezolanos, le proponía la reconstitución de la Gran Colombia. En su respuesta, fechada en Caracas el 18 de marzo de 1863, Páez declinó tratar el asunto, debido a la situación bélica que atravesaba el país. Poco después, mientras en Venezuela se negociaba el Tratado de Coche, que llevó a los federalistas al poder, la Convención de Río Negro (a la cual asistió como diputado Antonio Leocadio Guzmán), aprobaba el 8 de mayo de 1863 la Constitución de los Estados Unidos de Colombia, cuyo artículo 90 facultaba al gobierno de Bogotá para iniciar negociaciones con los del Ecuador y Venezuela a fin de lograr «…la unión voluntaria de las tres secciones de la antigua Colombia en una nacionalidad común, bajo una forma republicana democrática y federal…», según el historiador Raimundo Rivas. El presidente Mosquera nombró plenipotenciarios ante el Gobierno venezolano, que ya presidía el mariscal Falcón, a José María Rojas Garrido y a Antonio Leocadio Guzmán. Las gestiones del primero, realizadas en Caracas y en Coro de abril a junio de 1864, no tuvieron éxito, pues la Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela, recién sancionada, sólo autorizaba al Ejecutivo a tratar con los gobiernos de América «…sobre pactos de Alianza o de Confederación…», no de integración política. En cuanto a la participación del Ecuador en el proyecto, también quedó estancada, pues durante 1862 y 1863 se habían deteriorado sus relaciones con los Estados Unidos de Colombia hasta llegar al inicio de hostilidades; éstas concluyeron con la batalla de Cuaspud (diciembre 1863), en la cual Flores fue derrotado por Mosquera. Los 2 jefes, antiguos compañeros de armas de la época de Bolívar, se entrevistaron y reconciliaron, y luego se concluyó un tratado pero no se mencionó la integración grancolombiana. M.P.V.
Mientras en Venezuela, a partir de 1863 y, sobre todo, a partir de 1870 con la llegada al poder de Antonio Guzmán Blanco, se afianza el predominio político del llamado liberalismo amarillo con la institucionalización nominal de un sistema federal de gobierno, en Colombia, a partir de 1880, el Partido Conservador regresa al poder bajo la dirección del liberal disidente Rafael Núñez, quien cuenta con el apoyo del clero y de los grandes terratenientes. En 1886, la Constitución federalista de Río Negro es reemplazada por una Constitución centralista (vigente en la actualidad) y la denominación Estados Unidos de Colombia es cambiada por la de República de Colombia. Los liberales colombianos, partidarios del federalismo, promueven varios levantamientos (1885 y 1895) que terminan en derrota. En ambas oportunidades, el Gobierno venezolano había resuelto brindarles ayuda a los insurrectos del vecino país. En 1898, las elecciones celebradas en Colombia llevan a la presidencia al ya anciano Manuel A. Sanclemente, pero el poder efectivo queda en manos del vicepresidente José Manuel Marroquín, identificado con la fracción más intransigente e intolerante del Partido Conservador.
Una guerra política a ultranza se desata contra los liberales quienes deciden, una vez más, recurrir a las armas. El 18 de octubre de 1899, los departamentos de Cundinamarca, Tolima y Santander se levantan contra el Gobierno. La rebelión se extiende, iniciando una nueva guerra civil que es conocida en la historiografía colombiana como la Guerra de los Mil Días (1899-1903).
Coincidiendo casi con el inicio de esta guerra, el triunfo en Venezuela de la Revolución Liberal Restauradora lleva a Cipriano Castro a asumir el poder (22.10. 1899). Castro, desde su juventud en el Táchira, ha apoyado la lucha de los liberales colombianos. Le toca iniciar ahora una política sistemática de ayuda a los revolucionarios, mediante el envío de armas y municiones, permitiéndoles valerse del puerto de Maracaibo como base de operaciones, así como la utilización de 2 cañoneras, el Rayo y el Augusto para el transporte de tropas y parque. Del 11 al 26 de mayo de 1900, se libra en el sitio de Palonegro, cerca de Bucaramanga, una de las batallas más cruentas de la guerra civil colombiana: 14.000 tropas revolucionarias se enfrentan a 15.000 soldados del Gobierno, con un saldo de más de 5.000 muertos. Los liberales son derrotados y una parte de su ejército, bajo el mando del general Rafael Uribe Uribe, busca refugio en territorio venezolano. Para Cipriano Castro, la ayuda brindada a los liberales colombianos empezó entonces a matizarse de consideraciones de carácter geopolítico. Colombia estaba dominada por el Partido Conservador, pero tanto Venezuela como Ecuador, bajo la presidencia de Eloy Alfaro, estaban gobernadas por liberales.
Al mismo tiempo, en América Central, el presidente nicaragüense José Santos Zelaya proponía la formación de una coalición liberal para derrotar al último bastión del conservatismo en el área.
Partiendo de las proposiciones de Zelaya y de las conversaciones que había sostenido con Uribe Uribe, Castro empezó a madurar un proyecto que contemplaba la reconstitución de la Gran Colombia bajo los estandartes del liberalismo y del federalismo. Alarmado por el apoyo apenas velado que Venezuela le estaba brindando a los insurgentes, el Gobierno colombiano, ahora dirigido por el propio Marroquín quien había depuesto a Sanclemente a raíz de un golpe de Estado palaciego (31.7.1900), resolvió, a su vez, ayudar a grupos de disidentes venezolanos exiliados en el vecino país, particularmente a Carlos Rangel Garbiras y sus partidarios. A tal efecto, el 25 julio de 1901, reforzado por 5.000 hombres del ejército del Gobierno colombiano, Rangel Garbiras invadió a Venezuela por la frontera del Táchira, siendo derrotado frente a San Cristóbal (29.7.1901) por las tropas del Gobierno castrista, reforzadas por Uribe Uribe y sus contingentes liberales.
El éxito de esta cooperación militar entre las fuerzas liberales colombianas y venezolanas sirvió para convencer a Cipriano Castro de lo bien fundado de su proyecto grancolombiano, el cual se concretaría mediante una invasión conjunta al territorio colombiano; una marcha hacia Bogotá; el derrocamiento de Marroquín y la proclamación de Uribe Uribe como presidente provisional de Colombia. Se celebraría, luego, una conferencia en la cual Castro, Uribe Uribe y el nuevo presidente ecuatoriano Leónidas Plaza resolverían la unión de sus respectivos países en una Federación Grancolombiana dirigida por el propio Castro. Como corolario de este proyecto, una fuerza ecuatoriana desembarcaría en Punta Arenas (Costa Rica), y ayudaría a José Santos Zelaya a reunir a Nicaragua, Costa Rica y Honduras en una Gran Unión de Repúblicas Centroamericanas.
Este renovado intento de reconstruir la Gran Colombia de Bolívar fracasó, al ser destrozado el pequeño cuerpo expedicionario venezolano que había llevado a cabo la invasión a Colombia en el sitio de Carazúa, cerca de Riohacha (13.9.1901). Es probable que Uribe Uribe sólo haya motivado su apoyo al proyecto como una forma de materializar la ayuda de Venezuela a los insurgentes liberales, mientras que las proposiciones de Eloy Alfaro, Leónidas Plaza o José Santos Zelaya, en realidad, nunca habían pasado de ser vagas declaraciones de intención. En todo caso, desde ese momento, no se volvió a plantear la restauración de la Gran Colombia como entidad política. Actos como el Congreso de Estudiantes de la Gran Colombia, celebrado en Bogotá en 1910, la creación de la Flota Mercante Grancolombiana (1946) de la cual Venezuela se retira en 1953, el Convenio Andrés Bello, los Congresos y los Juegos Deportivos Bolivarianos han sustituido, por los momentos, un concepto de restauración política por el de una integración económica y cultural.